
Córdoba, Argentina, junio 4 de 2009.
Escribo esta carta no solamente para responderle al ignoto Señor N, sino por respeto (profundo respeto) hacia Radio del Plata, su director de contenidos y el programa Familia Pesoa. La sola y dificultosa lectura de la carta del Señor N justificaría, como mejor destino, su fragmentación minuciosa y posterior reciclaje para hacer canastitas de papel maché. Como profesor universitario de la UBA, la Universidad Nacional de Córdoba y otras universidades, de Argentina y de otros países, me sentí agredido por esa carta. Pero no porque el Señor N opinara diferente a lo que yo fundadamente pienso, sino por su ignorancia supina de los procesos biológicos, su lenguaje poco técnico y sobre todo por su desprecio hacia quienes piensan diferente.
Soy el primero que aplaudiría un micrófono para el Señor N, porque le respondería con ese mismo micrófono, y con la misma energía. Cuando recibí el premio Nobel Alternativo en el Parlamento Sueco, en el 2004, hice mi discurso de aceptación inspirado en la necesidad de que no haya silencio para el disenso, sobre todo cuando lo que se opina va contra los intereses de las corporaciones y la mala ciencia. Cartas como la escrita por el Señor N demuestra que la inquisición no desapareció, y que todo vale, incluso las agresiones poco inteligentes, la mala ciencia, la protesta desmedida hacia una radio y su gente, la intolerancia y sobre todo la pequeñez. Solamente los seres muy pequeños pueden silenciar las opiniones porque son diferentes.
1. Primer tema, "el disenso". Creo que se puede disentir –aliento el disenso- pero las palabras encadenadas del Señor N repiten los argumentos de la inquisición. Quemen en la hoguera a quienes opinan distinto (aunque tengan formación profesional y argumentos para hacerlo). Borren sus palabras diabólicas (porque son peligrosas para los intereses de las poderosas compañías de comunicación y sus profesionales asociados). Silencien a ese biólogo hereje (porque es biólogo y no ingeniero, y porque además de publicar el capítulo de un libro donde revisa técnicamente los efectos térmicos, atérmicos y no térmicos de las microondas adhiere, cruz diablo, al Principio de Precaución que establece la Ley Nacional del Ambiente n° 25675). Quítenle el micrófono a quienes saben de células, tejidos, órganos, individuos, especies y ecosistemas (porque ponen en ridículo a quienes ven el mundo desde la física elemental, la ingeniería abiótica y el 10% del PBI que mueven las empresas de teléfonos celulares). Finalmente, envíen cartas de protesta con ristras de ajo y agua bendita a quienes organizan los contenidos de las radios y a quienes tienen la temeridad de hacer conocer otras opiniones que no sean las bendecidas por las empresas multinacionales de telefonía y sus agradecidos adherentes N, M o P.
2. Segundo tema, "la idoneidad". El Señor N carece de título profesional habilitante para conocer, entender y evaluar los efectos dañinos sobre la salud y el ambiente de las bajas dosis de densidad de potencia que provocan las antenas de telefonía celular y los teléfonos celulares. Es un ingeniero, no es biólogo ni médico. Habría que explicarle las diferencias entre células procariotas y eucariotas, la estructura de las membranas y el citoplasma, las organizaciones moleculares tabuladas por el ADN, la tremenda sensibilidad de células, tejidos y órganos a la radiación no ionizante, y sobre todo, que ningún organismo recibe solamente un tipo de energía residual (como las microondas) sino otras formas de energía además de materiales. Le sugiero que además de usar Google en Internet también utilice las bibliotecas y las actas de reuniones. Allí podrá encontrar, en los trabajos que presenté en la Universidad de Londres, cómo interactúan los cócteles de energía y materiales con sistemas vivos, y la nueva generación de criterios LOAEL y NOAEL.
3. Tercer tema, los efectos biológicos de la radiación no ionizante, en particular microondas. Aunque le duela al Señor N, no está demostrada la inocuidad de la radiación no ionizante que distribuyen en lóbulos las antenas de telefonía celular y los aparatos celulares. Así de simple. Por razones de practicidad y exceso de codicia sobre prevención la telefonía celular disparó un experimento abierto con antenas y aparatos emisores, y personas y biodiversidad receptoras.
Es imposible resumir en una nota los efectos térmicos, atérmicos y no térmicos de las microondas, pero el Señor N puede leer el Capítulo 3 "Efectos de la radiación de microondas sobre la salud y el ambiente" que escribí como parte del libro Contaminación por antenas de telefonía celular (Ed. Del país, Buenos Aires, pp. 85-182). Es necesario, claro está, tener una mínima formación en biología, fisiología y química biológica para comprender las interacciones entre energías residuales y distintos niveles de complejidad de los sistemas vivos.
3.1. Primeramente le recuerdo al Señor N que los conceptos actuales sobre radiación "no ionizante" han cambiado sustancialmente. El daño a moléculas biológicas y muy especialmente ácidos nucleicos (ADNn, ADNm, ARN) también puede ser producido por radiación no ionizante. Este tipo de radiación puede romper enlaces químicos covalentes a valores tan bajos de energía como 0,01 eV, una cantidad tres veces menor a la energía requerida para ionizar (Kane, 2003). Fotones con energías de esta magnitud se encontrarían en microondas de ultra alta frecuencia (UHF)(>1012 Hz). Pero claro, el Señor N tendría antes que ir a Google para conocer cómo están organizadas las bases púricas y pirimidínicas de los ácidos nucleicos, sus azúcares y sus enlaces.
3.2. Los factores que condicionan los efectos de las radiofrecuencias y microondas no son tan puerilmente simples como los ejemplos de mal gusto que coloca el Señor N (ni siquiera los peores alumnos que he tenido en la UBA o la Universidad Nacional de Córdoba hubieran construido sus "Pruebas 1, 2 y 3"). Estos factores son el modelo de operación de la fuente, la potencia de la fuente, la frecuencia y longitud de onda, la modulación de campo, la geometría de la emisión, la distancia desde la fuente, la resonancia, la reflexión, la refracción y absorción, la multiplicidad de fuentes y agentes energéticos, la concurrencia de agentes energéticos y materiales, y la naturaleza de los receptores (bióticos, abióticos y sus combinaciones).
3.3. Efectos térmicos. Son los mejores conocidos. Me limitaré a describirlos brevemente porque están analizados en mi libro. Se han publicado efectos sobre sistema óptico (por ejemplo la superficie de la córnea en animales de laboratorio se incrementa en 3° C cuando se exponen a una radiación de 2450 MHz durante 160-240 minutos, con un SAR de 26,5 W/Kg); sobre testículos; sobre el desarrollo; sobre el comportamiento y sobre otros sistemas. Quienes tienen formación exclusivamente tecnológica y conocen poco de seres vivos, como el Señor N, solo pueden acudir a ejemplos tipo Pirex, huevos y disquisiciones sobre el calor.
3.4. Efectos atérmicos. Ocurren cuando las ondas absorbidas transfieren suficiente energía para aumentar la temperatura de las células y tejidos, pero dicho incremento no se produce debido a mecanismos de refrigeración interna, externa o una combinación de ambos.
3.5. Efectos no térmicos. Es el universo que más efectos dañinos agrupa. La literatura registra efectos biológicos a niveles SAR muy por debajo de los 0,08 W/kg que adoptaron muchos países (y que el disciplinado Señor N acepta como "límite razonable"), y a densidades de potencia tan pequeñas como 0,0004 µW/cm2. Le recordamos al Señor N que la mayor parte de los estándares desarrollados por ICNIRP/WHO/EU se basaron mayoritariamente en efectos térmicos de naturaleza irreversible para exposiciones a corto plazo (la carta del Señor N muestra precisamente, que el también solo se mueve en el campo de los efectos térmicos pero sin haber leído demasiado la literatura científica). Entre los no térmicos destacan efectos sobre la proliferación celular, cambios en las membranas celulares y el flujo de iones, cambios en la barrera hematoencefálica, cambios en la concentración de la enzima ornitina decarboxilasa (ODC), cambios en la concentración de hormona melatonina; efectos sobre el sistema nervioso central (SNC); efectos sobre la conducta; daño genético; efectos sobre el desarrollo; cáncer (efectos sobre los genes reguladores de la división celular) y efectos sistémicos.
3.6. Algo que el Señor N no menciona son los efectos de bajas dosis de radiofrecuencias y microondas sobre seres humanos y animales de laboratorio. La literatura incluye numerosos efectos biológicos a valores bajos de densidad de potencia y de absorción específica (SAR).
Por ejemplo: aumento de stress molecular (SAR de 0,001 W/kg); incremento en eflujo de calcio (0,005 W/kg); incremento en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica (0,0004 y 0,008 W/kg); cambios en funciones del sistema inmune (0,001 mW/cm2); disminución en funciones reproductivas (0,000168 a 0,001053 mW/cm2); daño en ADN de células expuestas (0,000021 a 0,0021 W/kg); daño sobre sistema nervioso humano (0,0054 µW/cm2); daño sobre sistema nervioso de animales de laboratorio (10 µW/cm2), efecto sobre el sistema cardiovascular en seres humanos y en animales de laboratorio (0,6 µW/cm2); cáncer en seres humanos y animales de laboratorio (1,3-5,7 µW/cm2); efectos sobre la reproducción en seres humanos (0,17 µW/cm2); efectos genéticos en seres humanos y animales de laboratorio (1-2 µW/cm2); efectos sobre el desarrollo en animales de laboratorio (100 µW/cm2); efectos sobre tejido sanguíneo y sistema inmune en seres humanos (100 µW/cm2); efectos sobre tejido sanguíneo y sistema inmune en animales de laboratorio (1 µW/cm2); efectos sobre órganos visuales en seres humanos (20-60 µW/cm2), etc. Solo he incluido valores mínimos (en cada caso analizo varios trabajos). También se registraron efectos sobre plantas verdes (0,0000000026 µW/cm2).
4. En su carta inquisidora el Señor N menciona que el COPITEC debería "dar crédito de mi idoneidad". No puedo dejar de sonreír. Los ingenieros especializados que integran este colectivo, y el colectivo mismo, carecen de idoneidad para opinar sobre mi ámbito profesional (soy biólogo) y sobre los efectos biológicos de la radiación no ionizante porque los alcances de título y formaciones involucradas no los habilita para hacerlo. Los ingenieros pueden tomar la literatura científica y estar a favor o en contra de lo publicado por otros profesionales del campo biológico y médico e incluso difundir públicamente esos resultados. Pero no deben asumir la temeraria e improcedente conducta del Señor N, cuya carta demuestra, además de autoritarismo, que olvidó las clases de biología que alguna vez recibió en el secundario.
Además, y para sorpresa del Señor N, he sido convocado por el COPITEC para actuar como experto en una causa de inquisición corporativa en que se cuestionan las declaraciones públicas de un profesional, miembro de la COPITEC, que a diferencia del Señor N, si leyó la literatura científica, respeta el Principio de Precaución (mandatorio por Ley Nacional) y mantiene una posición justificadamente crítica sobre la presunta inocuidad de la radiación no ionizante.
5. A mí me tienen sin cuidado los negocios que hacen las corporaciones de telefonía celular y los profesionales que las defienden. Si me preocupa, y mucho, que distribuyan productos y procesos que pueden ser dañinos para el ser humano y para otros seres vivos, y que basen su defensa en acallar a los que piensan diferente.
Argentina no se merece una nueva inquisición cada vez que se afectan intereses de grandes corporaciones.
Ya ocurrió con las investigaciones de Andrés Carrasco, de la UBA, quien demostró alteraciones de la embriogénesis provocada por el herbicida Glifosato. Personas y empresas sin mayor aval académico se erigieron en jueces autonombrados para derrumbar sus resultados. Imagino sus argumentos: "¿cómo puede Carrasco criticar la inocuidad [sic] del herbicida Glifosato originalmente desarrollado por Monsanto?". Las grandes corporaciones, en su pequeñez humana, ni siquiera leyeron en el trabajo de Carrasco que otros investigadores ya habían demostrado y publicado resultados similares. El problema no era la "verdad" sino que alguien se animara a decirla públicamente, y lo que es peor, con antecedentes académicos intachables.
Ya está ocurriendo con el Ing. Ariel Garbarz, un prestigioso profesional comprometido con el Principio de Precaución, y crítico de los valores de emisión adoptados en la normativa de Argentina para antenas de telefonía celular (la Resolución n° 202/1995 del Ministerio de Salud de la Nación). Sus prudentes y fundadas reflexiones sobre los efectos de bajas dosis de radiación no ionizante, reflejadas en un artículo publicado por el diario Los Andes en Mendoza, desencadenó una presentación de la Cámara de Informática y Comunicaciones de la Argentina (CICOMRA) ante el Consejo Profesional de Ingeniería de telecomunicaciones, Electrónica y Computación (COPITEC) por presunta violación a normas éticas de ese Consejo. Basta leer el artículo periodístico que desencadenó la inquisidora reacción de las corporaciones y la Resolución n° 1/2009 de la COPITEC para advertir que se repite la misma reacción desmedida que provocó el trabajo de Andrés Carrasco sobre el Glifosato.
Ahora se entiende porqué decidí responder la nota del ignoto Señor N. Cada uno de sus comentarios y observaciones se inscribe en la más grosera práctica de la inquisición. No hay que conocer la verdad, sino silenciar a quienes las presentan públicamente.
Desde FUNAM y desde mis Cátedra en distintas universidades estamos siguiendo cuidadosamente este proceso, donde las corporaciones presionan de distintas formas a quienes defienden fundadamente la salud de las personas y la integridad de los ecosistemas. Ha llegado el momento de desplegar un abanico de reacciones nacionales e internacionales, y de denunciar pública, administrativa y judicialmente esta nueva inquisición corporativa.
Hace un par de semanas estuve exponiendo ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación junto al Constitucionalista Daniel Sabsay (fundamenté técnicamente porqué el combustible nuclear gastado de Australia que pretende ingresarse a la Argentina, procedente del reactor OPAL, es residuo radiactivo de alta actividad, HLW). Después de analizar las virulentas reacciones de las cámaras empresarias a quienes simplemente dicen la verdad, creo que ha llegado el momento no solo de acciones en instancias comunes, sino de acciones extraordinarias ante la Corte Suprema de Justicia.
Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Presidente de FUNAM
Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba
Profesor de Postgrado en Maestrías y Especializaciones de la Universidad de Buenos Aires(UBA), Universidad del Comahue, Universidad Nacional de Rosario, Universidad Nacional de Catamarca, Universidad Nacional de Córdoba, Universidad Nacional de Mar del Plata, otras.
Guest Speaker, Universidad de Harvard, Universidad de Berkeley y Universidad de Georgetown (USA), Universidad de Estocolmo (Suecia), Universidad de Jena y Universidad de Ilmenau (Alemania), Universidad de Salzburgo (Austria), Universidad de Queen's (Canadá)
Profesor Invitado, University of Helsinki, Finlandia.
Fellow, Universiti Sains Malaysia, Right Livelihood College.
Ex Director de la Maestría en Gestión Ambiental (UN del Nordeste).
Ex Director de la Maestría en Gestión Ambiental (UN San Luis).
Ex presidente de la Asociación Argentina de Ecología.
Ex vicepresidente de Greenpeace Argentina.
Premio Nóbel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia)
Premio Global 500 de Naciones Unidas (UNEP-Bruselas, Bélgica)
Premio Nuclear Free-Future (Salzburgo, Austria)
Premio a la Investigación Científica (Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA)
Miembro del Consejo Asesor de la Delegación Córdoba del INADI
Miembro Directivo del Consejo del Instituto Superior del Ambiente (ISEA) de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
